Como cada miércoles, hay cuentacuentos en el Café Libertad 8 de Madrid. Hoy les toca a Anselmo, Maisa y Concha, que durante más de una hora mantienen al público sin pestañear con sus historias divertidas, nostálgicas, de miedo… Pero entre el público no hay ni un sólo menor, sólo adultos. Eso sí, tan entusiastas de los cuentos como los pequeños.
Evidentemente la forma de dirigirse a unos y a otros es muy diferente, y las historias, horarios y espacios, la mayoría de las veces también; pero la intencionalidad del cuentero siempre es la misma, ya tenga enfrente a gente menuda o gente madura. Se trata, ante todo, de compartir emociones. Un cuento implica mucho más que soltar palabras por la boca. Lo saben bien Anselmo Sainz y Maisa Marbán, cuenteros vocacionales y pioneros que llevan entre quince y veinte años al pie del cañón. “Con un buen cuentacuentos te lo puedes pasar tan bien o mejor que con una buena película”, afirma el primero.
Hoy se puede disfrutar de cuentacuentos en Madrid, además de en el mencionado Café Libertad 8, en otros espacios como La Flauta Mágica, El Despertar, Gaudeamus Café o Zanzíbar. Mientras tanto, en otros locales nocturnos, han ido abriéndose hueco los monólogos humorísticos, que se diferencian de los cuentos, entre otras cosas, en que siempre tienen un componente cómico (un cuento no tiene por qué tenerlo) y están basados en situaciones cotidianas caricaturizadas en base a técnicas muy definidas.
También es muy común equiparar cuentero con actor, algo que Anselmo distingue: “para ser buen contador no hace falta ser un gran actor, lo importante es ser buen conversador, generador de confianza, desde la naturalidad y la sencillez”. Contar es desnudarse delante del público, pues no existe un personaje detrás del que uno se pueda esconder. “Es una interrelación activa, estar compartiendo emociones con el que está escuchando el cuento”, añade. Maisa va más allá: “Con el cuento puedes modificar conductas, alfabetizar, educar sobre violencia de género… Tiene una carga muy profunda”.
Los cuenteros proliferan
Anselmo, economista de profesión, salió de la primera hornada de contadores que hubo en Madrid, cuando el cubano Francisco Garzón Céspedes comenzó a introducirlo en España como un arte escénico más. El grupo de narradores “Cuanto Cuento”, al que pertenece, fue una consecuencia lógica de esta primera toma de contacto.
Poco después comenzó Maisa, quien desde 2006 se dedica plenamente a “vivir del cuento”, como ella misma dice. Esto implica viajar allá donde la llamen para contar, ya sea sola o en compañía; para adultos o para niños; en bibliotecas, pubs, o convenciones de ejecutivos… Reconoce que es duro llevar una vida itinerante y estar siempre en continua búsqueda de historias, pero sin duda alguna, su afición la compensa con creces. Para Maisa, como para Anselmo, los cuentos significan más que una profesión, una manera de entender y de estar en el mundo.
En todos estos años, ambos coinciden en decir que han visto evolucionar mucho el panorama de la narración oral, con altibajos de público, y una paulatina proliferación de narradores y grupos, lo que puede ser debido, entre otras causas, al auge de talleres y cursos. De hecho, tanto Maisa como Anselmo los imparten en la actualidad.
Actualmente en el circuito madrileño hay activos varios cuenteros y grupos. Algunos de ellos, como “La Lámpara Maravillosa” o “Todos contamos” son discípulos de estos dos fanáticos de los cuentos capaces de despertar con la palabra las más soterradas pasiones.